“No sé con qué armas se peleará la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé cuáles se usarán en la Cuarta: palos y piedras.”
Albert Einstein
No se si la frase atribuida al físico norteamericano de origen alemán la pronunció en algún contexto; pero lo que si es cierto es que tiene una gran actualidad y contundencia en sus conclusiones.
Albert Einstein
No se si la frase atribuida al físico norteamericano de origen alemán la pronunció en algún contexto; pero lo que si es cierto es que tiene una gran actualidad y contundencia en sus conclusiones.
La idea de este artículo no es ser críptico ni pesimista en relación a los hechos que se reseñarán. Mas allá de eso, lo que se pretende es que cada quien valore cual es el camino que vamos siguiendo los venezolanos en esta torpe escalada política en nuestras relaciones nacionales e internacionales, para imponer contra toda fuerza de lógica, los lineamientos del Socialismo del siglo XXI, levantando la bandera del slogan “Patria, socialismo o muerte”.
Después de la segunda guerra mundial, la humanidad ha estado cerca de la tercera guerra mundial, que se conozca públicamente, en una sola ocasión. La más radical de las angustias planetarias en plena guerra fría, fue la crisis de los cohetes en 1.962 en Cuba, cuando la irracionalidad de un impetuoso Fidel Castro de 35 años estuvo a punto de desencadenar el holocausto nuclear. Privó en aquella ocasión la cordura y la sensatez del Primer Ministro soviético Kruschev y la negociación académica emprendida por el Presidente Kennedy. Las cartas publicadas posteriormente dan cuenta de un permanente intercambio del presidente norteamericano y el primer ministro soviético, mientras se gerenciába la crisis y se llegaban a acuerdos políticos satisfactorios para ambas partes.
La teoría de juegos da cuenta de esa terrible experiencia y mejor referencia académica, de que fue un juego de suma variable y en ningún momento los dos líderes mundiales pusieron en juego el destino de la humanidad. Soviéticos y norteamericanos aprovecharon esa coyuntura para poner sobre el tapete sus demandas y hacer las concesiones predefinidas en el forcejeo escalofriante por la dominación mundial. No ganó el bloque soviético ni el mundo occidental, la victoria se la llevó la paz, y la humanidad respiró aliviada, cuando los misiles emplazados en Pinar del Río fueron desmantelados y regresados a sus emplazamientos originales.
El mundo se salvó del inicio de la tercera guerra mundial y sus consecuencias de destrucción y crueldad, que son propias de la barbarie de las refriegas; pero no se salvó de la reedición del incidente.
El primer muerto de las contiendas es la razón y la lógica; de allí que al finalizar la primera guerra mundial hubo la necesidad de “humanizar” el enfrentamiento. Por eso se acordó entre los países civilizados los Convenios de Ginebra y sus dos protocolos adicionales; con ello se establecían las reglas para combatir y las normas que iban a seguirse para racionalizar la guerra.
Las pautas de esos acuerdos mundiales, se establecieron con el objeto de regular las obligaciones de combate de los comandantes militares y otros combatientes bajo normas de efectos antes, durante y después de las hostilidades; moderadas también por el amplio cuerpo de derecho internacional humanitario diseñado para salvaguardar a los civiles y demás no combatientes y sus áreas de desenvolvimiento.
En estos tiempos de mundialización y de corrientes multipolares, de acceso clandestino por estados forajidos a armas de destrucción masiva, de desconocimiento de los convenios internacionales de manera unilateral y tendenciosa por gobiernos emergentes, de aupamiento sibilino al terrorismo como forma de lucha y de investidura ceremoniosa de los casos de Viet Nam, Irak, Somalia, Argelia, etc.; la reedición de una crisis nuclear como la ocurrida entre la semana del 22 al 29 de octubre de 1.962, en un escenario con actores distintos de un sector y el mismo del otro, pero trasladando el teatro de la guerra mas al sur y conservando ambos intereses; particularmente creo que el desenlace sería distinto y las consecuencias serían impredecibles.
Ya no sería el enfrentamiento del Bloque Comunista y el Bloque anti-comunista. La beligerancia sería entre los simétricos y los asimétricos. De un lado se alinearían Estados Unidos, inicialmente, y posteriormente en sintonía con la presencia y la escalada de los acontecimientos los demás países que se alinean con la democracia occidental, el capitalismo, las normas de convivencia y la paz; mientras que del otro lado estarían ubicados el grupo de países identificados con el Socialismo del siglo XXI y los radicalismos que orbitan en ambos hemisferios.
Hace 45 años un incidente expresamente aceptado por Fidel Castro, inducido por la Unión Soviética y enarbolando los estandartes del socialismo, llevaron a la humanidad a las puertas de la destrucción. En ese momento la guerra asimétrica como concepto no era prioritario en los estados mayores de las fuerzas armadas del llamado “tercer mundo” y era un recurso al que se apelaba cuando todo tipo de planteamiento convencional había fracasado; el momento de la guerra de resistencia era el tiempo de la guerra asimétrica y la oportunidad de la irracionalidad en la contienda.
El incidente que escalaría el conflicto en esta oportunidad, está en pleno proceso de diseño y elaboración. Hay una serie de realidades subregionales sobre cuyo desenlace orbitan presiones de naturaleza política, diplomática, económica, social, cultural y militar, y en donde la intervención directa de Estados Unidos es materia de su seguridad nacional y forma parte de su interés nacional; y en donde de seguirse escalando los acontecimientos de ese orden, van a originar el enfrentamiento a nivel militar.
La Fuerza Armada Nacional será la responsable de planificar, conducir y ejecutar todo el diseño operacional que derive para dirimir en el teatro de operaciones, por vía convencional el desenlace de este conflicto inicial. Lo que si estamos seguros es su incapacidad para gobernar los eventos que se desencadenarán en todo el teatro de la guerra, una vez que se active el incidente.
El caso es que al implantarse la Doctrina de la Guerra Asimétrica, como formula oficial y elemento de referencia conceptual, académica, doctrinaria, legal y principista; por la Fuerza Armada Nacional y por extensión todos sus habitantes, el estado venezolano se coloca al margen del derecho internacional y en particular del humanitario.
El valor fundamental que enarbolaría el cuerpo armado de la republica es el de la muerte y la paz se convertiría en un medio y no un fin.





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